Ellylon
Un
humilde granjero cayó enfermo en cama y no podía ocuparse del ganado.
Siempre había sido un hombre trabajador y generoso que compartía su
trigo con las hadas. Así que cuando las Ellylon se enteraron de que no
podía trabajar, se presentó una de ellas en su casa para hablar con él.
Le
dijeron que no se preocupara, que ellas cuidarían de la cosecha y de
los animales por él, hasta que se recuperara, pero que debía prometerles
que mientras hubiera luz del día , no se asomaría para verlas trabajar.
El
granjero les agradeció mucho el favor y durante quince días no se movió
de su cama hasta el atardecer, cuando observaba sorprendido como las
vacas habían sido alimentadas y estaba limpia la granja.
Una
mañana que se encontraba mejor, se asomó por la ventana para verlas
trabajar. Allí estaban pequeñitas, menuditas, con su gorrito rojo,
moviéndose rápidamente. Lo más divertido era verlas trabajar entre risas
y bromas. No pudo reprimir la risa y las Ellylon lo escucharon. Sin
darle tiempo a nada, desaparecieron. Desde ese día no volvieron a
ayudarle en la granja, pero le acompañó siempre la buena suerte.